Australia es uno de esos países que no se mete
con nadie y suele caer bien. A mí me cae bien. Sin embargo, dos hechos
recientes con consecuencias muy negativas para la naturaleza española
están siendo protagonizados por australianos.
Uno
de esos hechos lo provoca la compañía minera Berkeley; se trata de la
mina de uranio de Retortillo, en Salamanca. El otro lo impulsa el
Gobierno de Australia, que está aplicando un virus de laboratorio a su
superpoblación de conejos, especie introducida allí que está
desequilibrando sus ecosistemas.
Las
imágenes de las encinas centenarias taladas en un idílico paraje del
Campo Charro me trasladan a otros tiempos: por ejemplo, los años en los
que se arrancaban encinares para implantar regadíos o se desalojaban
pueblos para anegar valles construyendo embalses. Muchos de esos sucesos
tuvieron lugar bajo la dictadura y, otros, al inicio de nuestra actual
democracia.
Funcionarios
y políticos de los niveles municipal, autonómico, regional y europeo
(Miguel Arias Cañete, ex ministro de agricultura español y actual
comisario europeo de Energía y Medio Ambiente) han decidido en nombre de
todos los españoles que esas encinas centenarias sobraban y que es
bueno impulsar la minería del uranio en detrimento de nuestros
ecosistemas y espacios protegidos, de la calidad de los ríos y de la
economía rural. No me extiendo sobre el asunto porque ya se ha escrito
mucho y quien quiera puede encontrar mucha información en internet.
Simplemente, me pregunto por la calidad humana de quienes han
contribuido a que esta barbaridad esté teniendo lugar, y recalco cuánto
me llaman la atención las declaraciones de los responsables de Berkeley,
porque manifiestan con rotunda seguridad que la mina se va a llevar a
cabo sí o sí, a pesar de no tener permiso de obras y estar pendientes
sendos pronunciamientos de la justicia española y de la Comisión
Europea. Ellos sabrán hasta qué punto lo tienen bien atado…
En
cuanto al conejo, como sabemos, esta especie es uno de los pilares
fundamentales de nuestros ecosistemas, dado que es alimento de una buena
parte de los depredadores mediterráneos. Ya ha sufrido la mixomatosis y
la neumonía hemorrágico vírica y, como consecuencia de ambas
enfermedades, otras especies ibéricas han visto caer sus poblaciones por
falta de alimento. La cepa conseguida en laboratorio es muy letal. Por
desgracia, lo más seguro es que termine llegando a España, al igual que
llegaron la mixomatosis y la primera cepa de la neumonía.
Es
evidente que Australia necesita combatir al conejo, pero jamás debería
haberse liberado ese virus sin antes disponer, al menos, de una vacuna
para contrarrestarlo cuando llegue, que llegará, a los países donde el
conejo es autóctono. Esto demuestra la falta de gobernanza de los
problemas globales, que deben abordarse a nivel global. Cada país cuida
de sus intereses, a veces obviando el sentido común y la ética más
elementales. El Gobierno español debería comunicar al australiano que,
si el virus llega a España, le denunciará en las instancias
internacionales y exigirá responsabilidades.
Foto: una parte de la zona talada por Berkeley para construir la mina. Tomada de https://jesusenlared.blogspot.com.es/2017/04/
Foto: una parte de la zona talada por Berkeley para construir la mina. Tomada de https://jesusenlared.blogspot.com.es/2017/04/
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